Manifiesto

#METANOIACLEC

Nunca la sabiduría dice una cosa y la naturaleza otra -Décimo Julio Juvenal. Hace ya muchos años que hablamos de ecología y sostenibilidad como una necesidad tan urgente como inaplazable para el planeta y para los seres humanos. Pero, más allá de medidas económicas o sociales, la mejor manera de vivir en perfecta armonía con este planeta es conectándonos profundamente con la naturaleza. De esta conexión nacerá el respeto por el profundo conocimiento y sabiduría que la naturaleza nos aporta.

 

Pero, desgraciadamente, esto no es tan fácil. Las palabras que el filósofo coreano Byung-Chul Han recoge en su libro Loa a la tierra son un ejemplo de cómo, poco a poco y de forma inconsciente, el hombre se ha ido desconectando de la naturaleza, hasta el extremo de no sentir el doloroso precio de su ausencia. Vivimos alejados de ella y negamos sus ritmos y procesos en nosotros mismos. «Por primera vez en mi vida he cavado en el suelo. Cavé hondo con la pala en la tierra. La tierra gris y arenosa que salía me resultaba extraña, incluso casi siniestra. Su misteriosa gravedad me causaba asombro. Al cavar topaba con muchas raíces que, sin embargo, no podía asignar a ninguna otra planta o a ningún otro árbol en la cercanía. Así pues, ahí abajo existía una vida misteriosa que hasta entonces yo desconocía. «Es magia, enigma y misterio. Cuando se la trata como una fuente de recursos que hay que explotar, ya se ha destruido «»Hoy hemos perdido toda sensibilidad para la tierra. Ya no sabemos qué es”.

 

Todo parece hablar de una necesidad de volver a los inicios, a lo esencial, de retomar una forma de hacer las cosas a otro ritmo, más lento, más consciente y por tanto con otro valor. Mirar estas nuevas prácticas es un ejercicio realmente inspirador y fue lo que nos guió a la Metanoia, a través de ella hemos querido representar la simbiosis entre la moda y la naturaleza: el objetivo vital e instar al cambio de esta industria.

 

Termino esta exposición compartiendo una visión realmente valiosa de la naturaleza y el planeta que me llegó a través del pueblo quero. Este pueblo indigena, descendiente de la cultura inca, se retiró a las montañas de Ecuador para vivir alejado de la civilización. Para esta tribu, el conocimiento y la conexión con la naturaleza son algo sagrado. Cada semilla, cada centímetro de tierra, cada gota de lluvia o sonido animal tiene un mensaje que contarles sobre cómo deben actuar y vivir. Ellos hablan de la llegada de los «Guardianes de la Tierra», personas que «deberán restablecer la relación con la tierra», como comadronas de un nuevo modo de pensar, de ser, en una manera de relacionarse con la naturaleza y con otros seres que redefina las relaciones y la espiritualidad y honre esta forma de vida.

Podemos encontrar esta relación, tan estrecha como en perfecta armonía, entre especies de animales o plantas. Se trata de plantas que crecen sobre árboles o rocas, beneficiándose de la sombra y humedad que estos les aportan pero sin parasitarlos en ningún momento, siendo un hermoso ejemplo de convivencia. Es realmente sorprendente descubrir que existen miles de ejemplos de cómo se relacionan, conviven y se ayudan el mundo animal y vegetal: interacciones biológicas establecidas entre organismos que no sólo demuestran el correcto funcionamiento y cooperación entre estos sino que nos sirven como ejemplo de ese equilibrio que tanta falta nos hace a los seres humanos.

 

De nuevo, aparece aquí la necesidad de aprender de la naturaleza: fuente inagotable de verdad, generosidad, sabiduría y equilibrio. ¿No sería maravilloso conseguir una perfecta relación simbiótica entre el hombre y la naturaleza? Todo lo mencionado es inspirador para investigar una manera de implementar esta meta en nuestro sector que más conocemos y trabajamos: el mundo textil. Un sector este que, como todos sabemos, no puede presumir de ser muy sostenible. Es cierto que, afortunadamente, en los últimos años la conciencia de esta industria ha empezado a dar un giro y hoy son muchas las marcas que implementan en su cadena de producción y suministro materiales más sostenibles, además de un reparto social y laboral más justo. La moda tiene un gran impacto en la sociedad y en el planeta. Por ello, un mínimo cambio en esta industria generará un gran impacto en favor de esta sostenibilidad. No hacer uso de esta oportunidad sería un gran error.

 

Además, el mundo textil está inevitablemente vinculado, desde el inicio de los tiempos, a esta sostenibilidad a través de los agricultores, artesanos y artistas que han hecho de su trabajo la expresión de la máxima belleza de la vestimenta a través del cultivo de determinadas fibras, el uso de tintes naturales y la búsqueda de nuevos patrones. Observaciones tan lúcidas como estas, en boca de filósofos, científicos y artistas, dan voz a un clamor no siempre justamente visibilizado por los medios de comunicación, que están perdidos en temas más prosaicos y menos existenciales. En el año 2000, el científico Paul Crutzen (1933-2021), ganador del Premio Nobel de Química, propuso por primera vez el término Antropoceno: una nueva época geológica caracterizada por la capacidad del hombre para generar un impacto significativo y global sobre los ecosistemas terrestres. Nunca en la historia han tenido tanto poder las actividades humanas a la hora de transformar y alterar la naturaleza. Este nuevo concepto no solo sorprendió a todos sino que proporcionó un diagnóstico tan indudable y doloroso como necesario para hablar y tomar medidas urgentes en relación al calentamiento global y la pérdida de biodiversidad, entre otros muchos temas que han marcado un antes y un después en las metas u objetivos de los gobiernos del mundo.

 

No hay duda de que debemos seguir trabajando para crear empresas, procesos y productos sostenibles, pero nada de esto llegará al ciudadano si no trabajamos el vínculo que todo ser humano debe establecer con la naturaleza; hasta que cada uno de nosotros sintamos un árbol, un océano o una montaña como parte de nuestra propia biología. Por esto la necesidad de tomar consciencia, de ir más allá, de una Metanoia. Nuestras acciones parten de nuestras vivencias internas. Esta es la clave. Por ello no habrá cambio real sin esta transformación interna. Y el arte puede ayudarnos mucho en este camino. De estos valores y observaciones nace, una propuesta que busca concienciar y sensibilizar respecto a lo mencionado anteriormente creando un hábitat diseñado y vivo que sea ejemplo de este encuentro entre el hombre y la naturaleza. Entre otras muchas cosas, es una forma de interacción biológica, estudiada en la ciencia, en la que uno de los intervinientes obtiene un beneficio del otro sin perjudicarle.